El 25 de junio de hace 45 años, todas las unidades de la escuadra fondeadas en la bahía del Callao se hicieron a la mar con rumbo desconocido. En el crucero “Almirante Grau” ondeaba la insignia del contralmirante José Carbajal. Cada comandante era responsable de sus propias decisiones y dueño de su incierto destino. Presidente en su séptimo año, era el general Juan Velasco Alvarado.
El 3 de octubre de 1968 la Marina le comunicó a Velasco que se “mantenía al margen de los acontecimientos”, cuando él derrocó al presidente Fernando Belaúnde. Ahora zarpaba sin su conocimiento. En horas de la mañana fueron a su despacho los contralmirantes Jorge Parodi y Edmundo Masías, y el capitán de navío Raúl Sánchez, como portavoces de la Marina, para hacerle saber que los buques regresarían cuando renunciara el ministro de Marina, vicealmirante Guillermo Faura.
Velasco, cazurro, les invitó un café y a Sánchez le dijo “y tú, negro, ¿me acompañas con un pisquito?” Telefoneó a Faura y le dijo: “tus marinos no te quieren, si a las seis de la tarde no ha regresado algún buque date por renunciado”. Velasco meditó la siguiente movida. Se daba cuenta que más allá de obligarlo a destituir a uno de los miembros de su Junta Revolucionaria, tambaleaba su gobierno. Esos marinos lo habían jaqueado. Había descuidado en sus planes que su “socialismo” no encajaba con los marinos, conocedores que ese viraje político sólo había traído calamidades a los países satélites de la Unión Soviética y a Cuba. Velasco designó ministro de Marina al vicealmirante Augusto Gálvez y los buques regresaron a sus apostaderos.
Algunos analistas se han preguntado ¿por qué la escuadra exigió la renuncia de Faura y no la del mismo Velasco? A falta de testimonios públicos, la verdad histórica es que quienes lideramos la protesta consideramos necesario consultarlo al primer ministro y ministro de Guerra, Francisco Morales Bermúdez, quien, sorprendido, dijo que así se enfrentarían al Ejército, y que mejor pidieran el relevo de Faura. Años después me comentó que él había estado de acuerdo, pero aún no tenía consolidada la unidad del Ejército. El 29 de agosto de 1975 se produjo el “Tacnazo” en que el general Morales Bermúdez derrocó a Velasco con apoyó pleno del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea.
Los marinos peruanos forjados en el lema “cadetes navales, seguid su ejemplo”, ubicado en el frontis de la cripta en honor al almirante Miguel Grau, fueron fieles a su formación, rememorando que el “Peruano del milenio”, al mando del monitor “Huáscar”, también protestó contra el gobierno y fue encarcelado, en desacuerdo con la designación de un extranjero para el mando de nuestra escuadra.




