El nuevo ministro del Interior, Gastón Rodríguez, asume las riendas de ese complicado sector en un momento muy crítico para el país que a su vez se traduce en denuncias de actos de corrupción y desatención a los policías de a pie que constituyen la primera línea de defensa de los peruanos en medio de esta pandemia que ha costado cientos de vidas de peruanos, entre ellas las de 17 efectivos contagiados durante su noble labor, que el Perú aplaude de pie.

Compras de rancho sobrevaluado a un dudoso proveedor de neumáticos no pueden suceder, como tampoco el tener a policías parados en la puerta de una comisaría quejándose porque no los someten a pruebas de descarte de COVID-19. La gota que colmó el vaso parece haber sido la presencia de decenas de agentes, incluso con signos visibles de contagio, haciendo cola de varias horas en el hospital Augusto B. Leguía, del Rímac, para ser atendidos.

Esto es gravísimo y al saliente Carlos Morán no le quedaba otra que asumir el costo político de actos delictivos que no tienen nombre, y que deberían implicar las más duras sanciones penales. Acá hay abundante trabajo para el Ministerio Público y más adelante el Poder Judicial. Mientras tanto, el ministro Rodríguez ha comenzado bien su gestión yendo a sedes de la Policía Nacional a transmitir confianza a su personal que, sin duda, ha sido golpeado también a nivel anímico.

Como policía que es, de inmediato tiene que ponerse en los zapatos del personal y actuar para atender las necesidades más básicas de quienes ponen el pecho por los peruanos, allí donde nadie quisiera estar por temor a contagiarse. No podemos tener a los efectivos rogando por pruebas de descarte o por atención para ellos y sus familias. Esto es inhumano y constituye un maltrato a nuestros agentes, lo que a la larga repercute en la población.

A la policía se la respeta, y el ministro Rodríguez tiene que ponerla a salvo del abandono y también de las manzanas podridas que hay dentro de la institución que, irónicamente, es la primera en ser llamada a combatir el delito. El reto es inmenso para este teniente general y piloto de helicóptero, en momentos en que el Perú necesita más que nunca a efectivos sanos y con la moral al tope, pues en ellos también está puesta la esperanza en superar esta tragedia.