Esta semana se conoció que la Gerencia Regional de Educación de La Libertad ha decidido terminar clases el 2 de diciembre como medida preventiva ante el fenómeno El Niño. Pero no es la única región que ha tomado esta medida. Ya en julio pasado, Piura había acordado terminar el año escolar el 27 de noviembre también como medida de prevención ante El Niño.

Aplaudimos la prevención y no descartamos que más regiones se sumen a esta medida en los próximos días. Pero la pregunta inevitable es ¿qué se hizo en el sector Educación desde el último gran Niño?

El de 2017 destruyó más de 2,000 colegios en todo el país. El del 2023 afectó a más de 400,000 estudiantes. Cada vez que llega el fenómeno, el Estado reacciona igual: declara emergencia, adelanta clases, promete reconstruir. Y cuando pasa, vuelve a construir con los mismos materiales, en los mismos suelos inundables, con la misma infraestructura precaria o, lo que es peor, no hace nada.

El Perú lleva décadas sabiendo que El Niño llegará. Las mismas décadas en que siempre se prefiere reconstruir en vez de prevenir. Cada año escolar recortado es un año que estos niños no recuperan. Y eso, a diferencia de las controversias políticas del día, sí tiene consecuencias permanentes.

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