Claus Peter Zeitinger fue el consultor alemán que llegó al Perú en los ochenta para ayudar a los más necesitados. Permaneció entre nosotros más de una década. Fue el hombre que confió en los pobres. Dejó una enorme huella que se mide en vidas transformadas. Claus Peter, gran amigo, visionario y profundamente humano, llegó con la GTZ, con una convicción simple y revolucionaria: los pobres no necesitan caridad, necesitan confianza. En un país golpeado por el terrorismo y por la exclusión financiera, impulsó la creación del sistema de Cajas Municipales de Ahorro y Crédito, con un modelo inspirado en la experiencia alemana, adaptado con inteligencia y sensibilidad a la realidad peruana. Pequeños créditos, evaluación responsable, cercanía con la gente y una ética férrea del pago puntual fueron los pilares de un sistema que devolvió dignidad a miles de familias. El proyecto no fue improvisado. Se construyó con trabajo técnico serio y con una alianza institucional clave con la Superintencia de Banca y Seguros que presidió Juan Klingenberger esta alianza permitió que las cajas nacieran sólidas, supervisadas y con vocación de permanencia. Durante años, Claus caminó mercados, talleres y barrios populares. Creyó en la palabra de los microempresarios, en su esfuerzo silencioso y en su enorme responsabilidad. Y no se equivocó: la tasa de pago puntual fue su mayor argumento moral frente a quienes dudaban. Hoy, cuando Claus Peter ya no está, su legado sigue vivo en cada pequeño negocio que nació gracias a un capital semilla. Su obra es una lección ética para quienes lo acompañamos, el crédito también puede ser justicia social. Se convirtió en uno de los grandes de las microfinanzas en el mundo. Hoy le debemos que el Perú sea líder global del microcrédito. Que el gobierno no meta sus manos en este sistema. Honor al honor.

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