Ayer, la presidenta electa Keiko Fujimori recibió en sus oficinas de San Isidro al dueño de Alianza para el Progreso (APP), César Acuña, y a su ahijado político Luis Valdez, en lo que, se entiende, fue una visita y un saludo protocolar entre dos excontendores en el último proceso electoral, pues más allá de eso, reunirse con esos personajes no puede traer nada bueno al gobierno que iniciará funciones el próximo 28 de julio.
Recordemos que Acuña y su agrupación personifican al copamiento del Estado hasta convertirlo en un botín plagado de ineptos y sinvergüenzas como los que han manejado el Ministerio de Salud y EsSalud, y las áreas administrativas del Congreso, donde la repartija de cargos ha sido pan de cada día.
Que ni se le vaya a ocurrir a la presidenta Fujimori aceptar el “apoyo” que le puedan ofrecer Acuña y Valdez en nombre de la “gobernabilidad”, como sucedió en tiempos del golpista Pedro Castillo y la vacada Dina Boluarte, cuando no hicieron más que perjudicar al país y a los ciudadanos.
Acuña y Valdez ya no tienen partido inscrito porque han sido repudiados en las urnas, especialmente en La Libertad, que era en bastión de APP, pues la región en su totalidad fue abandonada a su suerte mientras su principal autoridad andaba de vacaciones y dándose la buena vida. Y encima tuvo el desparpajo de querer ser presidente.




