Innumerables controversias, luchas intestinas al interior del partido Renovación Popular, aluviones de críticas infundadas, palabras maldicientes, ofensas irreproducibles, y demás movimientos sísmicos, ha provocado la congresista Milagros Aguayo, tras la difusión de imágenes que tienen como protagonistas a madres adolescentes víctimas de abuso sexual junto a sus hijos, en La Casa del Padre, centro fundado por ella. Por dar cobijo, asistencia material y espiritual a madres adolescentes víctimas de violencia sexual, las inteligencias más notorias del multiforme progresismo, han respondido ferozmente, lanzando dardos emponzoñados. Penetrando en el fondo del asunto y desenmarañando los argumentos, ¿qué buscan los grandes críticos de Aguayo? Que las madres adolescentes aborten. Para los progresistas, es inconcebible que un bebe, fruto de una violación, tenga derecho a vivir. ¡Eso es todo! Una vida humana, independiente del modo de su concepción, tiene una dignidad que debe respetarse de manera ilimitada. ¿Disminuye en algo la dignidad de una persona concebida de un modo u otro? Su dignidad es idéntica a la nuestra. El nasciturus tiene derecho a un libre desarrollo intrauterino. En el Museo de Bellas Artes de Madrid, encontramos los Caprichos (80 grabados) de Francisco de Goya, que han sido examinados por Ramón Gómez de la Serna, quien le dedica un libro a Goya. Uno de ellos -el Núm. 45- se titula Mucho hay que chupar, y muestra a “tres horribles brujas tomando rapé. A sus pies hay un cesto lleno de niños recién nacidos”. G. de la Serna, dice que “a algunos los desgracian con sus abortivos”. Así como esas horribles brujas, muchas personas prefieren proporcionar abortivos y desechar vidas inocentes.




