El 27 de marzo de 2025, Luis Galarreta, hoy presidente del Consejo de Ministros, tenía una certeza que parecía de acero: “Si nosotros fuéramos gobierno ahorita, la criminalidad se acaba rapidísimo”. Sonaba contundente, casi como si tuviera el botón rojo debajo del escritorio. Pero ha pasado un año y medio y el discurso se ha convertido en otro. Ahora dice que Keiko Fujimori tiene la decisión para acabar con la delincuencia, pero “no hay varita mágica”. La varita, aparentemente, se quedó atrapada entre la campaña y el Gobierno.

La distancia entre ambas declaraciones no es un simple matiz: es un abismo. Antes, acabar con la criminalidad parecía cuestión de decisión; ahora hacen falta facultades legislativas, tiempo y quién sabe cuántos ingredientes más. Es difícil no pensar que estamos ante la vieja estrategia del “todavía no podemos porque nos falta algo”. Y cuando faltan resultados, sobran explicaciones.

Aquí viene a cuento José Mourinho, el entrenador portugués del Real Madrid, que sabe bastante de fútbol y, sobre todo, de excusas. Solía cuestionar a los técnicos que pedían tiempo, años y paciencia para justificar los malos resultados. Su razonamiento era demoledor: pedir tiempo es una excelente protección, porque mientras transcurre ese tiempo se pueden perder partidos sin que nadie pueda exigir cuentas. En política ocurre exactamente lo mismo. “Necesitamos tiempo” puede ser una legítima explicación una vez; convertido en argumento permanente, es apenas un chaleco antibalas para funcionarios.

El problema es que los ciudadanos no pueden pedir tiempo cuando la extorsión llega a su negocio, cuando asesinan a un transportista o cuando una familia vive encerrada por miedo. El delincuente tampoco pide facultades legislativas para disparar. Actúa. Mientras el Estado debate competencias, presupuestos y procedimientos, las mafias avanzan con una eficiencia que debería avergonzar a cualquier autoridad.

Nadie exige magia. Precisamente por eso resulta poco serio prometer en campaña que la criminalidad “se acaba rapidísimo” y luego, desde el Gobierno, explicar por qué todavía no puede hacerse. Gobernar implica conocer las limitaciones del Estado, pero también tener la capacidad de superarlas. Si faltan leyes, se impulsan; si faltan recursos, se priorizan; si faltan policías, se reorganiza; si el sistema de justicia falla, se corrige. Lo que no puede faltar es voluntad ni resultados.

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