Si hay un ejemplo de cómo puede equivocarse todo un pueblo al momento de votar por una autoridad, ese sin duda lo encontramos en la provincia de Trujillo, donde a fines del año pasado eligieron a un impresentable de marca mayor llamado Arturo Fernández, quien acaba de ser enviado a terapia sicológica por el Poder Judicial por observar una conducta que desde hace tiempo lo descalificaría para estar a cargo de los destinos de miles de ciudadanos.

Este personaje tiene como único “mérito” en su vida política el haber colocado un huaco erótico en Moche, distrito del cual era alcalde. Lamentablemente este hecho llamó la atención y llevó a que los trujillanos cometan el inmenso error de elegirlo como su burgomaestre. Ahora, en apenas cuatro meses de gestión, ha demostrado que es, aparte de machista, misógino, malcriado y vulgar, un verdadero desastre en la gestión, al extremo que ni los gerentes que nombra le duran muchos días.

Pero hay un problema mayor. A pesar de que Trujillo es una de las ciudades más violentas del país, donde los asesinatos y extorsiones son cosa de todos los días, este sujeto casi ha desarticulado el serenazgo y ha entrado en un absurdo pleito con el jefe policial de La Libertad, general PNP Augusto Ríos, y con una oficial que lo ha denunciado por difamación. En otras palabras, Fernández ha llegado a torpedear la lucha contra el principal flagelo que golpea a los habitantes de la capital liberteña.

Sin duda, Trujillo está pagando las consecuencias de haber elegido a un payaso dedicado, además, a pelearse con los periodistas. Lo ha hecho también con el personal de Correo La Libertad por haber destapado un “extraño” pago que se hizo a un proveedor, como si eso nos fuera a amedrentar. Ahora el Poder Judicial ha enviado a Fernández a terapia sicológica mientras la ciudad está a la deriva y es imposible que exista una coordinación entre la municipalidad a su cargo y la Policía Nacional.

No es la primera vez que Trujillo se equivoca al elegir a su alcalde. El que estuvo hasta diciembre último, Daniel Marcelo Jacinto, del partido de César Acuña, se la pasó más tiempo prófugo de la justicia que trabajando por sus vecinos desde su despacho. Ahora tienen a Fernández. La esperanza de muchos es que sea echado pronto del cargo. Sin embargo, eso no quita la responsabilidad de los ciudadanos que votaron por este sujeto que, como era evidente, ha resultado siendo un fiasco.

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