Son esclarecedoras las observaciones críticas del economista alemán Philipp Bagus cuando dice que “vivimos en una cultura estatal”. Según Bagus, vivimos inmersos en una excesiva influencia del Estado, donde, además, esta agobiante influencia ha sido normalizada por la sociedad. Según demuestra la experiencia, la ideología que más ha logrado cautivar inteligencias y someter voluntades es el estatismo. Entendemos por estatismo, una corriente ideológica que consiste en darle al Estado más facultades de las que necesita. Esta ideología le otorga al Estado atributos divinos como la omnipresencia, la omnipotencia y consiste en creer ciegamente en el Estado como la única organización autorizada para intervenir en todo, desplazando de esta manera a las instituciones intermedias y desvirtuando “el principio de subsidiariedad del Estado”. En síntesis, esta ideología plantea una sola fórmula como remedio para combatir las desgracias que padecemos; fórmula que suele repetirse como un mantra: “Queremos más Estado. Necesitamos más Estado”. Pero, ¿cómo se sostiene ese Estado en continua expansión y con un aparato burocrático cada vez más grande e ineficiente? Mediante leyes tributarias excesivas, multas desproporcionadas y elevados impuestos que afectan a los contribuyentes. Es un hecho que en las últimas décadas el aparato burocrático estatal ha crecido en gigantescas proporciones. De hecho, la ciencia más ineficiente pero que más preponderancia tiene en el Perú es la “tramitología”, esto es, una serie de procedimientos burocráticos engorrosos que dificultan el libre desenvolvimiento de ciudadanos y empresarios. ¡Desburocratizar el Estado!, es la única solución.




