“En el Perú se ha arraigado la idea de que los presidentes son para sacarlos”, “No hay cargo más peligroso que ser presidente del Perú, es más peligroso que estar en una guerra”, “Hay un canibalismo político que genera mucha parálisis, pobreza y desigualdad”, “Esto desestabiliza a un país con enormes riquezas, que podría tener muchas ventajas”… Con estas frases interpreta la coyuntura política en nuestro país el politólogo venezolano Moisés Naím.

Le faltó decir que en los últimos cinco años el Congreso se convirtió en un patíbulo político. Hemos visto a parlamentarios que denuncian en la mañana, juzgan en la tarde y condenan en la noche. Han adquirido atribuciones que no les corresponden.

Lo que es crudamente cierto es que el Perú está paralizado, ha tocado fondo y parece que nada ni nadie parece capaz de revertirlo

Es urgente que el nuevo Gobierno tenga la capacidad de articular aquello que la sociedad expresa andando por las calles o por las redes. Si hace eso demostrará que es valioso.

Además tiene que alejarse de ciertos predicadores del odio, quienes quieren solucionar todo con represiones violentas y que con su virulencia verbal llaman terroristas, vándalos y delincuentes a los que se manifiestan contra la vacancia presidencial. No es correcto enrostrarles conspiraciones. Hay que entender que la indignación de los jóvenes es también porque estamos en el hoyo como país, producto del pernicioso pulso político y la corrupción de tantos años.