Afirmar que con una nueva Constitución se van a solucionar los grandes problemas del país es una gran farsa que está usando el candidato presidencial de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, y parte de la izquierda que lo apoya, para engañar a los más pobres y menos instruidos de este país que cinco años atrás ya fueron objeto de la misma mentira que los llevó a elegir a un inepto y corrupto como Pedro Castillo, quien además terminó siendo un aprendiz de dictador.
Al diferencia de Castillo que era un semianalfabeto y que en medio de sus limitaciones solo sabía repetir la palabra “pueblo”, Sánchez es sicólogo de San Marcos y por más fanático de izquierda que sea, que lo es, sabe muy bien que el modelo que promueve es un camino seguro al descalabro económico y social. Ningún país que haya aplicado un plan como el de Juntos por el Perú, del que ya hemos dado cuenta en Correo hace unos días, ha logrado desarrollarse y avanzar.
Claro, al principio todo es “lindo”. Una vez que logran meter la mano en las reservas y la Caja Fiscal gracias al soñado cambio del capítulo económico de la Carta Magna, vienen los regalos de bonos, canastas, tres raciones de comidas gratis, los subsidios a los alimentos y combustibles, las becas integrales y demás gollerías. Pero la desgracia viene cuando tarde o temprano la plata se acaba y solo queda la pobreza generalizada, además de la indignación contra los farsantes.
Allí están Cuba y Venezuela como ejemplos de miseria total, sumada a dictaduras eternas porque a los comunistas no les gusta la democracia ni el soltar el mando del país cada cinco años. Ya lo dijo el “célebre” excongresista de izquierda Guillermo Bermejo, preso por afiliación a Sendero Luminoso, quien muy suelto de huesos afirmaba que si llegaban al poder no lo iban a dejar, pues ellos no creían en las “pelotudeces democráticas”. ¿Es esto acaso un invento de los críticos de Sánchez y compañía?
Además, qué de bueno puede traer al país un “Castillo bamba” que usa sombrero como si fuera hombre de campo cuando no lo es, tanto así que vive en el acomodado distrito limeño de San Borja, y que viene acompañado de terroristas reciclados, encandalosas de plazuela como Zaira Arias y de un criminal de alto vuelo como Antauro Humala. A eso se suma que nadie podrá negar que Sánchez es parte de eso que la propia izquierda llama “pacto mafioso”, que se mueve en el actual Congreso. Desastre asegurado.




