No son nuevas las versiones de que entre Roberto Sánchez y Pedro Castillo hay una ruptura política seria y que ambos tienen sus propias parcelas en la bancada que alberga a 32 diputados y 14 senadores.

La última demostración de este cisma lo constituye el encuentro de la diputada Yenifer Paredes y el ministro de Defensa, Rafael Belaunde, durante la entrega de ayuda humanitaria a Chaquilpampa, un poblado de Cajamarca, el último viernes.

No hay nadie en la bancada de JP más cercana a Castillo que Paredes. Cualquier anuncio que ella haga o decisión que tome proviene, sin duda, de la Diroes. Ese día, la legisladora adelantó que otorgarían facultades en materia de seguridad ciudadana y El Niño, a diferencia de lo señalado por Roberto Sánchez, Ernesto Zunini, Íber Maraví y varios más de ala dura del “sanchismo”.

A dos meses de gestión, el Gobierno tiene allí una veta explotable, de la cual puede extraer oro político. Por lo pronto, tiene un par de lingotes en las facultades y la censura de César Astudillo.

Pero esto solo lo coyuntural y la idea es ir consolidando una estrategia a largo plazo. Así, el Gobierno no puede perder de vista que Castillo puede convertirse –si ya no lo es– en el nuevo Alberto Fujimori en la Diroes, es decir, un referente político con poder de negociación.

Cualquier gobierno tiene cosas que ofrecer y cualquier preso tiene necesidades. Es la real politik.

Los próximos días darán un alcance importante de cuánto se puede resquebrajar ese enjambre de voluntades subalternas que se llama JP. Así, podría estar cerca la implosión de ese conglomerado de izquierdistas de todas las gamas encaminado por la improvisación, la ambición y la torpeza. Todo indica que es solo cuestión de tiempo.

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