El viernes último hubo una gran marcha por las calles de Lima y otras ciudades del país contra la violencia que nos golpea y que hace una semana costó la vida del cantante del grupo musical Armonía 10. Entre los asistentes hubo de todo, especialmente artistas que son extorsionados y en algunos casos tienen que pagar a los delincuentes para tratar de preservar su integridad y la de sus familias. Quién podría negar el derecho de estos compatriotas a manifestarse pacíficamente.

En la movilización hubo también algunos políticos colados, ávidos de figuración especialmente en una etapa preelectoral. Quizá podría entenderse, por último, la calle es de todos. Sin embargo, lo que resulta inaceptable es la presencia de grupos de izquierda que por un lado salen a marchar, en teoría, contra la violencia y a exigir medidas acertadas contra la criminalidad, cuando de otro lado están a favor de la dictadura de Nicolás Maduro, el gran defensor de la megabanda internacional Tren de Aragua.

Estos chavistas peruanos deberían saber que su ídolo que usurpa el poder tras robarse el resultado de las elecciones del año pasado, por estos días está indignado y no deja de lanzar gritos en defensa de los brutales integrantes de esta banda que han sido expulsados de Estados Unidos y enviados a El Salvador en virtud a un acuerdo entre los presidentes Donald Trump y Nayib Bukele, para que sean encerrados en el sistema penitenciario salvadoreño donde no hay gollerías, ni privilegios, ni se les permite seguir operando.

Son más de 200 criminales venezolanos los que han sido encerrados en El Salvador a un duro pero necesario régimen penitenciario, lo que he desatado las iras del tirano, quien pretende hacer creerle al mundo que los salvajes del Tren de Aragua, que también ha extendido su largo y nefasto brazo al Perú y ha agravado el problema de inseguridad en nuestras calles, son casi unos niños del coro de la parroquia que están siendo maltratados y ven violados sus derechos humanos por los “abusivos” de Trump y Bukele.

No nos dejemos sorprender, quien apoya a Maduro o es “tibio” con la dictadura chavista, está en favor de quien se ha convertido en el “padrino” y “protector” de los feroces miembros del Tren de Aragua, que como un cáncer se ha expandido por varios países para extorsionar, traficar, robar y asesinar. Se trata de las ligas mayores de la criminalidad internacional, que en Perú ya es considerada una “organización terrorista” por más que legisladores de izquierda como Guillermo Bermejo y Susel Paredes, se hayan opuesto.