Sin carisma y con la percepción que es una mala copia de Pedro Castillo, Roberto Sánchez la tiene difícil en la segunda vuelta. La última encuesta de Ipsos Perú ha confirmado un considerable antivoto y la pérdida de respaldo en zonas rurales de nuestro país. Lo perjudica su radicalismo y su plan de gobierno desfasado, considerado como un peligro para nuestra estabilidad económica.

En un contexto internacional marcado por desaceleración, inflación y crisis geopolíticas, el Perú necesita estabilidad, promoción de inversiones y reglas claras. Insistir en fórmulas ideológicas que han fracasado en otras experiencias latinoamericanas genera inquietud no solo en los mercados, sino también en millones de ciudadanos que dependen de la actividad económica para sostener sus empleos y pequeños negocios. La pobreza no se combate destruyendo la confianza, sino creando oportunidades sostenibles.

La percepción de amplios sectores del electorado es que representa una versión improvisada y menos sólida de Pedro Castillo, un antecedente que inevitablemente genera dudas y temores en una población que aún recuerda la inestabilidad política que atravesó el país en los últimos años.

Gobernar un país no consiste únicamente en canalizar el descontento popular, sino en demostrar solvencia, capacidad de diálogo y visión de futuro. El Perú no necesita repetir errores recientes ni caer nuevamente en experimentos improvisados.