El recientemente publicitado Plan de Paz para Palestina del presidente Donald Trump, no es otra cosa que el acuerdo únicamente entre EE.UU. e Israel para una solución del asunto palestino. Para no creerlo, se trata un acuerdo sin la presencia de la otra parte en el problema: el Estado de Palestina. Por tanto, y sin ser Nostradamus, doy por descontado su inexorable fracaso. Lo voy a explicar. Lo planearon juntos sin considerar a Palestina. Distinto y distante de las negociaciones anteriores en que Washington cumplió el rol de mediador o garante, como lo hizo en su momento Bill Clinton con las negociaciones que culminaron con la firma de los Acuerdos de Oslo (1993) entre Yitzhak Rabin y Yasser Arafat en la ciudad de Washington. Si la idea era hacerlo de a 3, lo que no creo, pareciera que Donald Trump y Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, no calcularon los plazos. Con un juicio político en el Senado para Trump por estos días y otro judicial por corrupción para Netanyahu en menos de un mes, ambos gobernantes sacaron a la luz un acuerdo buscando rentabilidad política, de allí que su objetivo es el empoderamiento en el frente interno de sus países. Revisando su contenido -Jerusalén será capital solamente de Israel-, nadie con buen juicio en la comunidad internacional, podría creer que el acuerdo tendría eco. Los palestinos deberían ser más astutos y no pisar palito. Mientras Netanyahu se muestre políticamente en las mejores condiciones con EE.UU., a los judíos eso les agrada porque se sienten seguros con el manto protector del hegemón. La idea de la amenaza árabe para desaparecer geopolíticamente a Israel sigue dominando la psique de los 8,9 millones de israelíes por lo que Netanyahu ha encontrado una buena razón para atenuar la estampida político-penal en su contra. Pegado a ello, los palestinos jamás aceptarán que les impongan condiciones para que sean considerados un Estado, pues ya lo son y por tanto no requieren del visto bueno de ningún país para serlo. En cuanto a Trump, es el mandatario estadounidense que no ha ocultado su parcialización con Israel. Eso es un error pero mientras le dé rédito político -está fija e imperturbablemente concentrado en ser reelegido-, no le interesa. Ese es el verdadero plan.




