Durante los últimos 25 años de elecciones en el Perú, los ciudadanos hemos vivido una constante sensación de ansiedad electoral debido al largo tiempo que transcurre entre la primera vuelta y la proclamación oficial de los candidatos que disputarán la segunda vuelta presidencial. Dado que el sistema electoral peruano exige obtener más del 50 % de los votos válidamente emitidos para ganar en primera vuelta, la incertidumbre suele extenderse durante varias semanas.

En las elecciones generales de 2021, por ejemplo, la primera vuelta se realizó el 11 de abril y el Jurado Nacional de Elecciones oficializó a los candidatos para la segunda vuelta recién el 18 de mayo, es decir, después de 37 días de espera. En promedio, entre 2001 y 2021, este proceso ha tomado cerca de un mes, aumentando la tensión y polarización política en el país.

Sin embargo, más allá de la espera, lo verdaderamente importante es que el elector reflexione responsablemente sobre su voto y acuda a las urnas con convicción. Del mismo modo, corresponde a los líderes políticos fortalecer nuestra democracia en medio de la crisis institucional que atraviesa el país, abriendo también el debate sobre si mantener el actual sistema “presidencialista”, o avanzar hacia un modelo parlamentario, donde el jefe de gobierno surja del Parlamento y no directamente de las urnas.

Con miras al 7 de junio, los peruanos esperamos una campaña electoral saludable, donde las diferencias políticas se transformen, después de la elección, en unidad y compromiso con el futuro del Perú.

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