El presidente del Perú, José Jerí, no es el idealizado califa Harún al-Rashid, ese personaje legendario de Las mil y una noches que, llevando los justos títulos de gobernante sabio, equilibrado y justo, fue famoso por sus paseos nocturnos disfrazado por Bagdad. Oculto y manteniendo una identidad falsa, paseaba por sus dominios para analizar cómo se comportaban sus súbditos para poder conocer con precisión milimétrica las opiniones de los habitantes de su reino, con la intención de gobernar más perfectamente. ¡Jerí imita al califa en vestimenta, pero no en intenciones! El encuentro nocturno con un empresario de nacionalidad china, ha generado un desconcierto generalizado. ¿Por qué un presidente se reúne con vestimenta impropia y de manera clandestina, con un empresario asiático? En la historia de las ideas políticas, encontramos un concepto fundamental para cuestionar y criticar las posibles bellaquerías de nuestro gobernante. Autores como Norberto Bobbio, se han pronunciado en contra de los “arcana imperii”, esto es, “los secretos del poder”, que se podrían justificar únicamente para impedir una posible vulneración a la seguridad e intereses estatales. Para el cientista político italiano Bobbio, una de las promesas incumplidas de la democracia son los “arcana imperii”, inadmisibles en un sistema de gobierno democrático. Un componente esencial de la democracia es la publicidad de las acciones de los políticos en el ejercicio del poder, como también sostiene el historiador francés Pierre Rosanvallon, en su libro El buen gobierno, de 2015. En síntesis, no tienen que existir operaciones ocultas mientras se administra el poder político.