Opinión

Escuchar con los ojos

08 de Marzo del 2013 - 10:25 Miguel E. Santillana

Regreso de la fría ciudad de Toronto, Canadá, donde se ha realizado la reunión anual del PDAC, la cita más importante del mundo sobre prospectos e inversiones mineras.

El esfuerzo de la delegación peruana ha sido encomiable: la vicepresidenta Marisol Espinoza, la Cámara Perú-Canadá, el IIMP, funcionarios del Minem, del Ingemmet, dos congresistas por Cusco, el presidente regional del Cusco, el alcalde de Chumbivilcas. Ellos se trasladaban en un bus con la Marca Perú por las calles de Toronto (valió la pena gastar los $30 mil del alquiler del bus); sin embargo, si bien nos vendemos como "El país de América Latina más importante en minería", esta vez he sentido miedo y dudas para invertir en nuestro territorio y nuestros vecinos regionales están aprendiendo rápido.

El pabellón argentino y brasileño eran el doble del peruano. Colombia y Ecuador, aunque nuevos en la actividad minera, aparecen como sitios más estables para invertir. En Ecuador hay cinco megaproyectos, de los cuales uno se ha firmado (Kinross) a pesar de que en su Constitución está el concepto del Buen Vivir -cháchara seudopolítica indigenista. Rafael Correa sabe que debe diversificar las inversiones en su país y no se ha dejado extorsionar por las ONG.

Un ejemplo del desplazamiento de la atención a otros mercados es que la fiesta peruana se realizó en el Hotel Westin y no en el local del Scotiabank, como el año pasado. Esta vez se celebró ahí la noche mexicana. Los peruanos fueron al Hotel Westin para disfrutar lo que es un gremio sindicalizado de mozos (la mayoría de ellos Pensión 65) que sirvieron una cantidad de tragos y platos, y punto. A pesar de ello, hubo un ambiente distendido en el cual confluyeron perro, pericote y gato. Incluso la vicepresidenta Marisol Espinoza se lanzó al ruedo a bailar marinera descalza. Todos se querían tomar fotos con ella como para que se preocupara Nadine (justo se anunciaba la muerte de Chávez -pragmatismo que le dicen).

Quienes no pierden la ocasión para aparecer como representantes de la "sociedad civil" son las ONG (¿quién las eligió?), que no quieren perderse parte de la acción. El sábado, en la reunión del WEF, Ian Gary (senior policy manager-extractive industries de Oxfam America), metió su cuña con el tema "Consulta previa libre e informada". Hubo que aclararle que eso es para pueblos indígenas, según el Convenio 169 de la OIT, y no como la están prostituyendo en Ciudad Nueva-Tacna (domingo pasado), a pesar de la aclaración de la Defensoría del Pueblo. Kady Seguin (interim director-Publish what you pay Canada) se mandó a pedir una mayor transparencia de las empresas para dejar que las ONG auditen su contabilidad-finanzas. Hubo que aclararle que ninguna ONG reemplaza a las instituciones oficiales que se dedican a eso, que el Perú es un país certificado del EITI, y lo que deberían auditar es qué hacen los gobiernos subnacionales con el dinero transferido.

Las situaciones que más me preocuparon: cuando Froydis Cameron Johansson (head of Corporate Affairs Exploration de Anglo American) dijo textualmente: "Hay que reconocer que hay sitios en el mundo donde no nos quieren, por ejemplo, el norte del Perú", y cuando los representantes del IFC balbuceaban incoherencias para responder sobre el futuro del proyecto Conga, donde son socios. Felicitaciones para Arana, Santos y Saavedra, son un orgullo nacional.

Las actividades culminaron con la presentación en sociedad del Grupo de Diálogo Latinoamericano, entidad que ha surgido del ejemplo de Diálogo Minero en el Perú, que jefatura José Luis López. Si bien todo terminó en un abrazo comunal para generar confianza entre los interlocutores y la exigencia de "no tener miedo", queda claro que la plataforma es resbalosa. No se puede decir que el efecto Conga fue contenido en Cajamarca. Mentira. Es un cáncer que crece a nivel nacional. Las empresas no pueden caer cándidamente en la consulta popular de niveles de gobierno subnacional que no tienen competencia sobre la materia de la consulta (la tradición jurídica romano-germánica no es la tradición anglosajona que nos quieren vender). El ordenamiento territorial y la zonificación económico-ecológica son herramientas de planificación que han sido prostituidas con fines ideológicos (los ejercicios se hacen con información incompleta y un sesgo predeterminado de la entidad que paga los estudios). La distribución de la renta de la actividad minera es un contrato social de cada país, no una homogeneización global patrocinada por las ONG.

El rabo de paja que tienen las ONG es que no desarrollaron capacidades en los gobiernos subnacionales fruto de la descentralización, donde ganaron buen dinero. Sus programas y proyectos tuvieron que ser rehechos, pues no tienen idea de lo que es la ejecución de un proyecto y carecen de una visión empresarial (aunque son tan fenicios como los empresarios mercantilistas). Como bien aclaró Tony Hodge, presidente del ICMM, a nadie se le puede exigir amar al otro, como tampoco exigir que no se les tenga miedo. Las ONG le deben a la sociedad y a los gobiernos obras completas con visión de futuro. Estamos aburridos de los teóricos de café y de teorías incompletas como el post extractivismo. Queremos escuchar con los ojos.