Lo que desde hace casi década y media ha venido siendo una práctica delictiva común y nunca resuelta en ciudades como Trujillo, Chiclayo y Piura, ha llegado a Lima para instalarse debido al poco interés de las autoridades: las extorsiones que afectan a profesionales, emprendedores y trabajadores en general que suelen recibir llamadas telefónicas que delincuentes que exigen dinero a cambio de no atentar contra su negocio o su integridad y la de sus familias.

Por estos días un conocido médico ha denunciado que le exigen dinero y que incluso han disparado contra la fachada de su consultorio. Semanas atrás un exfutbolista que tiene un restaurante también hizo pública la pesadilla que vive al ser víctima de delincuentes que le piden plata. Días atrás en Correo hemos dado cuenta de la caída de una banda de peruanos y venezolanos que extorsionaban a comerciantes del Mercado Caquetá, a los que exigían entre dos y cinco soles diarios a cambio de no atentar contra ellos.

En la ciudad de Trujillo, donde trabajé por tres años como director de Correo La Libertad, el delito de extorsión fue terreno fértil para el sicariato infantil y juvenil, pues los asesinatos de quienes no pagaban a los delincuentes, los ejecutaban pistoleros en su mayoría menores de edad, que también, a cambio de dinero, acababan a tiros con la vida de integrantes de las bandas que entraban en disputas por el cobro de cupos. Son los llamados “ajustes de cuentas” entre organizaciones criminales rivales.

La gran mayoría de extorsiones se cometen a través de llamadas telefónicas, eso lo saben muy bien la Policía Nacional y sobre todo las víctimas de los delincuentes. Por eso es muy pertinente la denuncia que viene haciendo el Organismo Supervisor de Inversión Privada el Telecomunicaciones (Osiptel), en el sentido de que la venta ambulatoria y poco controlada de chips para teléfonos celulares, sirve para que estos hampones operen desde el anonimato. Eso no puede continuar.

Si las extorsiones no se combaten y controlan desde ahora, no nos quejemos después al ver sumado a esto el sicariato y el crimen por encargo, tal como sigue sucediendo en la costa norte sin que a muchas autoridades, lamentablemente, les interese. Erradicar la venta ambulatoria de chips y vigilar los penales, desde donde se hacen muchas de las llamadas delictivas, es importante, pero además debe aplicarse una estrategia integral que comprometa al Ejecutivo, al Legislativo, a la Policía, a los operadores de justicia y a los privados.

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