El Congreso está en una gran deuda con el país por el poco interés que muestra ante los escandalosos casos de recortes de sueldos perpetrados por al menos nueve legisladores en contra de los trabajadores de sus despachos, una práctica delictiva que no es nueva, pero que no es erradicada de plano como se debería.

Es una vergüenza que los peruanos tengamos como representantes y fiscalizadores del Estado a quienes han sido acusados de ser unos verdaderos pájaros fruteros de empleados que han sido chantajeados para dejar parte de sus haberes a cambio de no ser despedidos.

Las idea y venidas que se ven en la mayoría de casos, de los cuales ninguno hasta el momento ha merecido sanción, podrían hacer creer que en nuestro Congreso hay abundante rabo de paja y espíritu de cuerpo, quizá porque muchos otros han incurrido en el mismo delito.

¿Tenemos derecho a ser malpensados? Claro que sí, pues de otra forma no se explica que los acusados sigan ejerciendo sus funciones como si nada sucediera, Evidencias hay de sobra en la mayoría de casos. Lo que no se aprecia es voluntad para aplicar el reglamento y proceder, al menos en una primera instancia, a suspender a los señalados.


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