No es sencillo encontrar palabras cuando se trata de despedir a un amigo. El jueves pasado recibimos la noticia de que nuestro querido Juan Carlos León Siles partió, para librar nuevas batallas, esta vez al lado de Dios. Quiero pensar que Él escoge a sus mejores guerreros, y Juan Carlos, sin duda, era uno de ellos.
Juan Carlos era gerente de Defensoría del Exportador de ADEX. Lo conocí hace seis años, en medio de la incertidumbre de la pandemia. Desde entonces compartimos largas conversaciones, debates intensos y una preocupación genuina por el sector transportes. Pero, sobre todo, construimos una amistad que me acompañó en algunos de los momentos más desafiantes de mi vida profesional.
Su conocimiento y su pasión por el desarrollo logístico y portuario eran admirables, pero no eran lo único que lo definía. Juan Carlos destacaba por su profundo sentido de justicia, su integridad inquebrantable y un amor sincero por el Perú. Fue un defensor firme de los derechos de los usuarios del transporte, de los exportadores y de la libre competencia.
Quienes tuvimos la suerte de conocerlo sabemos que no pasaba desapercibido: donde estaba, dejaba huella. Su palabra tenía peso, su criterio era respetado y su presencia generaba confianza, ¿cuántas veces le hiciste la vida imposible a los “opacos”?
Extrañaré nuestros almuerzos, sus mensajes oportunos y, sobre todo, sus consejos, siempre precisos y generosos. Extrañaré también la certeza de saber que éramos varios —y no pocos— los que creíamos en un Perú más justo, próspero y viable.
Querido Juan Carlos, tu amistad marcó nuestras vidas. Tus ideas, tu defensa y tus convicciones permanecen con nosotros, como una guía silenciosa y firme. El próximo almuerzo, amigo, lo invito yo, cuando nos volvamos a encontrar.




