Recientemente escuché un discurso furibundo del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, declarándole la guerra al crimen, tras encabezar el velatorio de un miembro de la fuerza pública de su país. Sus palabras se han materializado en acciones concretas contra los enemigos de Colombia. En el Perú, esa firme actitud no la he vuelto a escuchar desde el presidente Alberto Fujimori, vencedor del terrorismo, ni en los momentos más duros de la lucha contra los remanentes del terrorismo en el VRAEM, donde cayeron soldados, marinos, aviadores y policías. Jefes supremos de las FF.AA. —como el reo Alejandro Toledo y el difunto Alan García— brillaron por su ausencia en lasexequias de los combatientes caídos en ese frente.
Jamás los escuché dar un discurso valiente, sentido y solidario. Hubo indultos para narcotraficantes, pero jamás para militares injustamente encarcelados. Como vivíamos en el espejismo del llamado “milagro peruano” y había bastante plata, lo demás no importaba. Fueron ellos y los que los sucedieron, forjadores o cómplices de esta república caviar y fenicia en la que vivimos. Lo que se requiere ahora es una actitud decidida para imponer la paz social, sin titubeos. Corregir la frivolidad, la indiferencia y la indolencia que han reinado en nuestra sociedad en las últimas décadas.
Muchos peruanos de bien necesitamos un discurso conservador que transmita confianza, determinación y coraje, que sea contagioso y que lidere. Que el gobierno entienda bien que el principal problema del país es la seguridad nacional y que no se escude en facultades que tal vez no le sean otorgadas.
Que deje de lado declaraciones cotemporizadoras (“inaceptable”) por temor a ofender a la izquierda cosmopolita. Ya bastante tenemos con algunos magistrados muy preocupados por la carcelería que sufren (¿?) los criminales, pero muy prestos a perseguir a militares y policías, aunque lo niegen en todos los idiomas.
Vamos contra el reloj porque las izquierdas –cosmopolita y roja– están avanzando en desacreditar las acciones gubernamentales. Que la famosa frase del gran presidente que fue el general Manuel A. Odria, inspiren el éxito del gobierno, que será el de todos: Hechos y no (sólo) palabras.




