En Las mil y una noches, cumbre literaria del Siglo de Oro del islam, encontramos cuentos tradicionales medievales recopilados en lengua árabe, y en ella hallamos una preciosa historia contada por Sherezade, una mujer dotada de una prodigiosa imaginación, una boca adornada de palabras exquisitas y un verbo verdaderamente sublime y admirable, que fue capaz de contener la ira del rey Shahriar, por mil y una noches para evitar que asesine a más mujeres del reino. En este libro –“ilustre”, como dice J. L. Borges, en la conferencia que le dedica en 1977- encontramos una historia que nos interesa para entender el comportamiento de los políticos, cuando son gobernados por la codicia. Cuenta la historia de Abdula, un próspero comerciante dedicado al alquiler de camellos, que conversando fraternalmente con un derviche (místico y asceta musulmán), se entera de la existencia de un tesoro escondido en una montaña. El derviche pone la condición de dividirse el tesoro llevándose la mitad de los camellos, y “pronunciando palabras incomprensibles” abre la montaña, cargan el tesoro y el derviche guarda una caja que contiene una pomada. Abdula, trastornado por la codicia, se arrepiente del pacto previo y persuade al derviche para quedarse con todo. Pero Abdula, quiere más, y pregunta por la pomada, “que tiene la virtud de mostrar tesoros ocultos en las entrañas de la tierra, pero que debe ser frotada en un solo ojo”, ya que, de aplicarse en ambos, la ceguera sería irremediable. La codicia de Abdula, no resiste, se aplica la pomada en ambos ojos queriendo hallar más tesoros y pierde para siempre la luz. Lectores, no es difícil encontrar semejanzas de esta historia con la de muchos de nuestros políticos.