Decía años atrás que el mapa político de América Latina fue dibujando espacios que debieran entenderse como la presunta heredad de lo que ideológicamente fue la Cuba de Fidel respecto de emprendimientos políticos; algunos lo entendían así. Fueron los casos de Venezuela, Bolivia, Brasil, Ecuador, Argentina y algunos centroamericanos, como que, queriendo generar expectativas de un “nuevo y mal discurso” con viejos temas.

La avanzada de ese prospecto ideológico latinoamericano tuvo resistencias de otros emprendimientos. Con la virtualidad comunicativa y otras estrategias de convocatoria, pretendieron estandarizar categorías como si todos fuésemos iguales en pensamiento y acción, ilusos ellos. Hoy el mapa político tiene otra lectura y en nuestro país a algunos les cuesta entender experiencias; solo recordemos a López Obrador y Petro, también Boric, Fernández, Maduro…

América Latina, históricamente, ha tenido otro tipo de expresiones que la marcan en escenarios propios y mundiales y que no significa que la reciente lectura política tenga el corte de lo inédito e innovador. El boom de la literatura latinoamericana da cuenta, de una linda manera, de lo feo, atrasado, explotado, vejado y anhelado de nuestro continente; la música denominada de protesta con letras y notas también lo cantó; la experiencia militar casi consentida por todos, cerró su historia. Pensando en desarrollo, en un momento estuvimos casi igual que los llamados tigres de Asia; hoy sacaron buena delantera en crecimiento y desarrollo. Hoy América Latina empezó a tomar decisiones políticas con un claro enfoque hacia mejores posibilidades.