El saliente jefe de la Región Policial Callao, general PNP Ricardo Espinoza, quien acaba de ser cambiado para ponerse al frente de la convulsionada Región La Libertad, ha señalado días atrás una verdad tan alarmante como indiferente para la mayoría de ciudadanos: la proliferación de sicarios menores de edad, incluso de 12 años, que están teniendo participación en crímenes en el Primer Puerto.

Entre 2023 y 2024 se intentó dar leyes para procesar a los mayores de 16 años como si fueran adultos, en vista de situaciones como las descritas por el jefe policial. Sin embargo, el Tribunal Constitucional lo impidió al alegar que eso viola la Carta Magna y la Convención sobre los Derechos del Niño.

Pues bien, lo que está claro es que no se está haciendo nada desde el Estado y la sociedad para poner freno a esta realidad que quizá sea nueva en la capital y su vecino puerto, pero no en ciudades como Trujillo, donde el sicariato infantil y juvenil es parte del paisaje desde hace más de una década. Recordemos el caso de “Gringasho”.

Mucho se dice que la tarea de erradicar la criminalidad no solo es labor policial, y es verdad. Queda trabajar para que los niños y jóvenes, en lugar de estudiar o jugar con la pelota y la bicicleta, salgan a asesinar con armas de guerra, tal como está sucediendo. Si no se hace nada, queda conformarnos con ver perpetuado el crimen en las calles.

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