Si algo dejó claro el debate energético en el Perú durante el 2025, es que la energía dejó de ser un asunto técnico para convertirse en una discusión sobre desarrollo, equidad y futuro. No se trata solo de tarifas o combustibles, sino de decisiones que pueden impulsar al país hacia un crecimiento inclusivo, o condenarlo a seguir administrando brechas estructurales.
A lo largo del año, la Sociedad Peruana de Hidrocarburos insistió en una idea incómoda pero evidente: no es posible cerrar brechas sociales mientras persista una profunda pobreza energética. Hoy, más de un millón y medio de hogares destinan gran parte de sus ingresos a energía cara e ineficiente. La masificación del gas natural no es una promesa ideológica ni una puesta incierta es una solución concreta y probada. Reduce el gasto familiar, mejora la salud pública y eleva la competitividad. Sin embargo, el acceso sigue siendo desigual, con regiones que pagan hasta 150% más que Lima. La pregunta es inevitable, ¿cuánto desarrollo se pierde cada año por esa brecha?
El segundo gran llamado del 2025 fue la urgencia de asegurar el abastecimiento energético futuro. El Perú importa hoy más del 75% del diésel que consume y observa cómo sus reservas probadas se reducen progresivamente. Explorar más para depender menos no es un eslogan del sector privado, es una condición básica para la seguridad energética y la estabilidad fiscal.
Nada de esto será posible sin un entorno de inversión confiable. Reglas claras, estables y técnicamente sólidas son indispensables. La excesiva burocracia, la imprevisibilidad regulatoria y la debilidad institucional siguen siendo frenos que el país debe enfrentar.
El 2026 no puede ser otro año de diagnósticos. El país necesita señales claras y una hoja de ruta que priorice la masificación del gas natural, la exploración y una inversión responsable. Lo que está en juego no es solo una agenda sectorial, sino la capacidad del próximo gobierno de entender que el desarrollo económico y la seguridad energética pasan por un sector hidrocarburos sólido y predecible. El Perú tiene los recursos y el conocimiento, es momento de convertirlos en acción y desarrollo inclusivo.




