Siento la imperiosa necesidad de exponer al libre alcance de todas las inteligencias, la estrategia política más efectiva de los últimos tiempos, para identificarla y combatirla oportunamente. ¿En qué consiste la categoría política del populismo? ¿Cuál es su principio y fundamento? De la lectura de su principal elaborador intelectual Ernesto Laclau, y de los rigurosos estudios analíticos de sus críticos, el populismo es en esencia una “construcción discursiva de la frontera política”. Esta operación intelectual, establece una perfecta delimitación entre “ellos” y “nosotros” o, entre “buenos” y “malos”. Esta estrategia populista puede ser interpretada como un doble movimiento en el cual, se identifica, define y nutre conceptualmente al adversario político, y al mismo tiempo se define la identidad del nosotros, a través del discurso. En ese doble movimiento concomitante (construcción discursiva del adversario político y definición del nosotros) se halla la esencia del populismo. ¿Cómo se trasladan estas argumentaciones teóricas a la realidad política concreta? Así opera: un presidente que siente ser el supremo representante de los intereses nacionales, símbolo de la pureza institucional y encarnación de los nobles principios democráticos, entra en irreconciliable pugna con el Congreso que, –según su estrategia discursiva– es el símbolo de la degeneración política y la fuente emponzoñada de donde brotan todos los males. Esta estrategia también se aplica a la disputa electoral. En síntesis, ¡el populismo es un maniqueísmo político! que enciende pasiones en el pueblo y que, como sustancia corrosiva, va desintegrando la unidad nacional, provocando una profunda fractura social.




