Opinión

​La llegada: Encuentros cercanos

Nuevo largometraje del canadiense Denis Villeneuve, un denso relato de ciencia ficción con notable actuación de Amy Adams

21 de Enero del 2017 - 15:56 Enrique Silva Orrego

El realizador canadiense Denis Villeneuve, tras las logradas "Incendies" (2010), "La sospecha" (2013), "El hombre duplicado" (2013) y "Sicario" (2015), incursiona ahora de lleno en el terreno de la ciencia ficción con "La llegada" (Arrival), relato denso, emocionante por momentos, que desarrolla una aventura tan extraña como vital.

La historia ha sido adaptada de una novela corta de Ted Chiang. Doce misteriosas naves espaciales arriban a la Tierra ubicándose en distintos lugares del planeta. En Estados Unidos, temiendo que pueda tratarse de una invasión, los altos mandos militares convocan a una experta lingüista llamada Louise Banks (Amy Adams) y al físico Ian Donnelly (Jeremy Renner) para acercarse a los alienígenas y tratar de desentrañar la razón de su visita.

Villeneuve se deja influenciar -a la distancia- por clásicos del género como "El día que paralizaron la Tierra" (1951), de Robert Wise, y "Encuentros cercanos del tercer tipo" (1977), de Steven Spielberg, de los que extrae, en principio, la posibilidad de una muy cercana conexión con seres de otro mundo, para luego desarrollar el tema del entendimiento mutuo, ligado a otro tema mayor: la supervivencia de la especie.

COMPLEJO Y CAUTIVANTE. La habilidad del cineasta se traduce con mucho brío en la manera de plantear la estructura narrativa, lineal en apariencia, porque a través de secuencias que parecen 'flashbacks' y que también podrían ser 'flashforwards', el tiempo se altera. El relato va adquiriendo de esta manera una asombrosa complejidad y una densidad que cautiva, pero que también podría resultar tediosa para paladares poco sensibles que buscan, más bien, una aventura espectacular o escapista.

Se impone un ritmo deliberadamente lento, en el que importan los acercamientos de la protagonista con los tentaculares extraterrestres, que tienen su propia y muy singular manera de comunicarse; tanto como los recuerdos -o acaso visiones del futuro, aprendidas gracias al contacto con los visitantes- que acompañan las personales reflexiones existenciales de la lingüista.

Y mientras en otras partes del planeta (China, Rusia, Pakistán) las autoridades militares y gubernamentales han decidido aplicar la violencia para echar a los supuestos invasores, Louise Banks encuentra que la armonía con otra clase de vida, por muy diferente que sea, es posible y no dudará en proclamar lo que finalmente ha comprendido, que será crucial para entender su propia existencia.

Una particular intensidad se deja notar en el tratamiento de las imágenes, lo que recuerda un poco el estilo del desaparecido Stanley Kubrick. Especialmente en la primera incursión de Banks y Donnelly en el interior de la nave espacial y también durante el contacto con los extraterrestres.

La actuación de Amy Adams es superlativa y constituye, sin ninguna duda, el alma de la película. Su nominación al Oscar está más que asegurada. Hay que destacar, asimismo, el cuidadoso trabajo de sonido que, al igual que en otras cintas de Villeneuve, resulta de importancia capital; y la atmosférica música del islandés Jóhann Jóhannsson.

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