Al cierre del presente editorial, las encuestadoras Datum e Ipsos daban una ligera ventaja a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) sobre Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), según sus conteos rápidos, por lo que nada está dicho. Lo único cierto es que quien gane, va a tener a la mitad del país en contra, lo que es sin duda un llamado a la responsabilidad y a tener puentes, pues el Perú no puede seguir fraccionado.

Los primeros resultados conocidos hasta la noche de ayer a través de las referidas encuestadoras muestran una clara separación entre Lima, la costa norte y parte de la selva, donde ha primado el voto naranja; con el sur del país, donde ha mandado la opción de Sánchez, que ha sabido captar las adhesiones rurales. El país es uno, pero las necesidades y expectativas son distintas.

Quien esté en Palacio de Gobierno desde el 28 de julio, tiene que trabajar por unir al país a través de la atención de sus expectativas. Los votantes por Fujimori exigen libertades, inversión, estabilidad económica y seguridad en las calles. Desde la otra orilla, hay una gran deuda en salud, educación, infraestructura, nada de lo cual se puede lograr sin una economía sana y responsable.

No es una tarea fácil luego de una campaña electoral tan agresiva que sin duda va a dejar resentimientos y a medio país descontento. Sin embargo, el cargo de jefe de Estado implica responsabilidad y el actuar desde mucho más arriba de las bajas pasiones que surgen en toda contienda con propuestas diametralmente opuestas.