En las elecciones regionales y municipales de 2026 habrá 7,882 candidatos entre aspirantes a gobernadores regionales, alcaldes provinciales y alcaldes distritales. Una cifra que revela el enorme apetito electoral: ¿todos quieren gobernar por vocación de servicio o es la atracción por las ubres del Estado?¿Es amor al chancho o a los chicharrones?

En los últimos 16 años, el presupuesto público ha crecido de manera extraordinaria. En 2010 ascendía a aproximadamente S/ 81,857 millones.

Para 2026 bordea los S/ 257,562 millones. Es decir, el presupuesto nacional se ha incrementado en alrededor de 214%.Por supuesto, el crecimiento económico del precio de los minerales, la inflación y los cambios demográficos donde la población pasó de alrededor de 29 millones de habitantes a más de 34 millones.

En concreto, el Estado recauda más y distribuye más recursos. No es tanto la capacidad de gestión mágica que algunos políticos se atribuyen.Por ejemplo en la región Junín. En el 2010, el presupuesto del Gobierno Regional rondaba los S/ 700 millones. Para 2026, se aproxima a los S/ 3,499 millones. En apenas 16 años, los recursos se han multiplicado prácticamente por cinco.

También aumentaron los recursos destinados a proyectos de inversión pública. De alrededor de S/ 150 millones en 2010, el presupuesto de apertura para inversiones en 2026 supera los S/ 900 millones.Sin embargo, más presupuesto no significa necesariamente tener un mejor gobierno. Una municipalidad o un gobierno regional puede administrar cientos o miles de millones y, sin embargo, seguir teniendo calles destruidas, servicios deficientes, obras paralizadas y autoridades detestadas.

En Junín, buena parte del presupuesto regional se concentra en gasto corriente (79% que representa S/ 2,743 millones). Es decir, en el funcionamiento de la propia maquinaria estatal. Y, se destina S/ 1,052 millones aproximadamente (20%) para proyectos de inversión pública según el presupuesto modificado del 2026.Finalmente, ahí están los grandes desafíos para quienes resulten elegidos en estas elecciones: ¿cómo mejorar la calidad del presupuesto público para elevar la confianza ciudadana? Porque demasiados chicharrones siempre hacen daño.