Esta semana le entregaron las credenciales a Keiko Fujimori como presidenta electa y, sin duda, se inicia una nueva etapa de la historia nacional. No habrá luna de miel. Se tiene que prevenir el embate del Niño Global, que incluso ya viene afectando la industria pesquera, agrícola, turística y otras, vaticinando una perturbadora disminución del PBI de 0.8 %, según cifras que maneja el Banco Central de Reserva (BCR).

Asimismo, se tienen que articular medidas de urgencia con relación a la inseguridad ciudadana que cobra vidas todos los días, la educación y la salud, además de despertar una inversión privada nacional y extranjera somnolienta tras años de retardo debido a la inestabilidad política de un decenio que debe quedar, más que en el olvido, en el recuerdo de las cosas que no se deben repetir en nuestra historia nacional. Es importante destacar que el gobierno tiene a su favor una buena bancada oficialista en las cámaras de diputados y senadores. Eso demanda que sus parlamentarios sean verdaderos operadores políticos que busquen consensos con la oposición y logren sacar adelante las políticas gubernamentales necesarias.

En resumen, es una etapa de retos que demandará responsabilidad, no solo de quienes ganaron la elección, sino también de la oposición y de todos los peruanos. El líder del PPC y exalcalde de Lima, Luis Bedoya Reyes, decía que entre legar y llegar hay solo una “l” del abecedario, pero un universo de distancia en lo que ambos conceptos expresan. Ojalá que en 2031 hablemos de un legado.

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