Ayer asumió funciones un nuevo equipo ministerial a cargo de Alberto Otárola y queda claro que una de sus primeras funciones debe ser erradicar del aparato estatal a todos esos personajes nocivos que fueron colocados por la fallida administración del ahora presidiario Pedro Castillo, a quien el Ministerio Público acusa de ser parte de una banda de delincuentes con brazos en el sector público dedicados a robar.
La mirada no solo debe centrarse en las cabezas de los ministerios, las cuales ya han sido cambiadas, sino en todos los niveles del sector público. No olvidemos que el gobierno del profesor estuvo basado en la repartija y el cuoteo a fin de obtener apoyo político. Esto llevó a que cada cierto tiempo sepamos a través de los medios que determinados personajes habían sido empleados pese a no cumplir con los requisitos, y amparados en un buen “padrinazgo”.
Los casos más descarados fueron los vistos en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) y en el de Vivienda, Construcción y Saneamiento, feudos de Juan Silva y Geiner Alvarado, respectivamente. Muchos funcionarios nombrados en estas oscuras gestiones siguen vigentes. Sería bueno dar también una mirada a la Cancillería, donde se mantienen en funciones varios nombramientos de embajadores políticos.
Habría que ver, por ejemplo, qué ha sido de los nombramientos hechos a pedido de ese grupo de congresistas conocidos con el alias de “Los niños”, que hacían colocar gente a cambio de votos en favor del gobierno. La nueva responsable del sector Producción tiene bastante trabajo allí. Su ministerio casi fue tomado por estos personajes, y ni qué decir del Ministerio de Educación, el feudo de los sindicalistas radicales.
Castillo manejó el Estado como si fuera su casa e hizo lo que le dio la gana. Si aspiramos a ser un país serio, urge erradicar a toda esa gente y llamar a los mejores profesionales que estén dispuestos a trabajar por los ciudadanos y no anden pensando en llenarse los bolsillos porque saben que nunca más tendrán la posibilidad de acceder a un cargo como el que les fue regalado por un gobierno para el olvido.




