Una vez que pase la pandemia, los peruanos nos quedaremos eternamente agradecidos con el personal de salud, policías, militares y todos los que aún a costa de su propio bienestar y el de sus familias, salieron a cumplir su labor para asistir a los afectados y evitar que el contagio se expanda. El martes último, en algunas zonas de Lima, desde sus casas y a través de ventanas y balcones, miles de personas dieron un reconocimiento a estos valiosos profesionales.

Ellos estarán siempre sobre un pedestal por haber puesto el pecho en uno de los momentos más críticos para nuestro país, cuando la cosa era de vida o muerte. Mientras tanto, en el otro lado, en medio del fango y quizá un poco más abajo, estarán esos impresentables que han aprovechado para lucrar, hacerse los vivazos y engañar a los peruanos que desde sus casas tratan de enterarse de lo que pasa en medio de esta pandemia.

En este último grupo están aquellos que, por ejemplo, en estos días en que todos la tenemos difícil, se dan un tiempo para difundir informaciones falsas acerca del estado de emergencia. Hay desde los que se inventan comunicados con logotipos oficiales, hasta los que falsifican noticias de medios conocidos, pasando por los que hacen circular videos de hechos pasados u ocurridos en otros países, como si hubiesen sucedido en los últimos días en nuestro país.

Por todo esto, queda recomendar a los ciudadanos creer solo en medios serios y conocidos que se hacen responsables de su trabajo, y pensar dos segundos antes de comenzar a correr información falsa. Cuidado también con los audios que circulan en Whatsapp, donde se escuchan “testimonios” de gente que dice hacerse enterado de tal o cual cosa del coronavirus, porque se lo contó el amigo de un vecino, de un conocido de un primo al que su cuñada se lo ha contado.

Ojalá en algún momento esta gente pueda ser identificada para que todos los conozcamos con nombre y apellido, así como también a las personas que se dedican a llamar al 113 de emergencias para hacer “bromas” y de paso bloquear la línea telefónica en medio de una crisis. Esos peruanos no valen nada, a diferencia de los valiosísimos y heroicos médicos, enfermeras, auxiliares, militares y policías a quienes hay que darles el ánimo y la fuerza para continuar hasta cuando haga falta.