Los Borrachos, del célebre pintor español Diego Velázquez, o conocida también como El triunfo de Baco, es una pintura de 1629 que se encuentra en el Museo Nacional del Prado, Madrid. La pintura –donde a su manera Velázquez, aborda un tema mitológico– sitúa en la centralidad del cuadro a Baco (dios del vino), sentado sobre un barril (que contiene el vino, o como se decía antes, “la sangre de los dioses”), coronado con una gran corona de parra, semidesnudo y con vasijas de vino a sus pies. A su alrededor, lo acompañan los borrachos, sedientos de vino, demacrados por los excesos, desprolijos, con las narices y los cachetes rojos (típicas características de personas esclavizadas por largo tiempo al alcohol), con la mirada enturbiada y en actitud amistosa. En la escena, Baco, como si de una cofradía se tratara, está coronando a un nuevo integrante. Según la interpretación que haremos para los intereses de nuestro artículo, Baco representa “el poder puro y absoluto” y los amigos de Baco, los borrachos, representan “el deseo de poder, la ambición desmedida, el infatigable deseo de conquistar nuevos electores, la desesperación, la no moderación y la entrega absoluta al poder”. Como los borrachos del cuadro, muchos de los candidatos a las elecciones generales del presente año están embriagados y no pueden contemplarse a sí mismos con la lucidez mental que corresponde en momentos decisivos como estos. Muchos viven con una percepción alterada, creyendo que dominan todos los temas, que son elegidos por la divinidad, etc. En fin, unos esclavizados al vino, los otros, esclavizados al poder.




