Nada menos que 27 mil millones de soles se deja de recaudar por exoneraciones tributarias aprobadas en el último quinquenio, un monto fuerte que demuestra los privilegios para algunos sectores económicos de bonanza comprobada: industria textil, agroexportación, restaurantes y hoteles, entre otros que bajo el pretexto de la pandemia y la generación de empleo aducen que no pueden recuperarse de este bache y necesitan reducir sus pagos de impuestos para salir a flote.

Según el estudio de Democracia y Tributación Justa del grupo Justicia Fiscal Perú, de los 40 proyectos presentados desde el Congreso, 33 no contaron con la opinión del Ministerio de Economía y Finanzas. Es decir, fueron planes legislativos lanzados al caballazo, sin que el sector especialista en política fiscal se pronuncie sobre su afectación a la caja estatal. Esto también es un forado del que pocos hablan, ahora que nadie sabe de dónde van a sacar recursos para sostener otras leyes costosas.

Las exoneraciones tributarias nacen con un fin positivo pero temporal. Sin embargo, en el caso de las agroexportadoras, este beneficio lleva décadas y se renueva con frecuencia sin el análisis debido. Lo mismo ocurre con los restaurantes, hoteles y alojamientos turísticos: durante la gestión de Pedro Castillo se promovió la rebaja de su IGV: 8 % al 2025 y 12 % al 2027. Lo que hemos visto es un crecimiento del sector con nuevos locales, lo cual es una señal de recuperación que se debería analizar para evitar más prórrogas de la ley.

Hay mucho por recaudar en materia de tributos para empresas chicas y grandes, solo se requiere enfocar bien la estrategia. Si recuperáramos al menos el 20 % de tributación de algunos sectores exonerados, tendríamos más recursos para solventar nuevos colegios, mejores hospitales e infraestructura vial óptima para el desarrollo de las zonas alejadas.