La historia es maravillosa cuando se contempla y terrible cuando se experimenta. Lo que ha sucedido con Jerí es peor que un crimen, es una equivocación. Si los sectores que han apoyado su salida buscaban, por cálculo político, un escenario favorable para sus candidaturas, lo más probable es que hayan abierto la caja de Pandora de todas nuestras miserias y cuando estas estallan al mismo tiempo, el radicalismo de las izquierdas se hace sentir. ¿Es que no aprendimos nada?
Hemos padecido las diversas variaciones de una sinfonía macabra. Desde el terror genocida de Sendero Luminoso hasta la lenta infección del Estado por parte de un sector pequeño, pero bien organizado que piensa y siente como la progresía global. Esta progresía fomenta el relativismo evanescente, la gnosis política y la aniquilación de cualquier tipo de oposición. ¿Cómo fue detenida esta marea roja y negra? Uniendo un bloque diverso con un solo fin: que los que perseguidores judiciales, los que arrinconaron a Alan García, los que encarcelaron a la oposición violando la presunción de inocencia y los que cerraron el Congreso violando la Constitución no retornarán en mucho tiempo al poder, porque son el enemigo común.
Ahora, ese enemigo público se ha visto fortalecido y será más relevante en esta elección, ya sea por la razón, ya sea por la fuerza. A veces, cuando se busca debilitar a un rival se termina desangrando a todo el Estado y el tiro sale por la culata. Tal vez la debacle no sea inmediata, tal vez incluso el triunfo efímero se parezca a la orgiástica luz del poder que nos espera al otro lado del lago, casi al alcance de la mano. Sin embargo, nos engañamos. Roma arde mientras Nerón toca la lira. No comprendemos la magnitud del incendio. Peor aún, creemos que nuestra débil democracia lo puede controlar.




