A mediados de enero el ENFEN presentó en su informe de seguimiento del Fenómeno El Niño un cambio del estado de “No Activo” a “Vigilancia de El Niño Costero” proyectando para las próximas semanas un posible evento de El Niño Costero de magnitud débil.
Esto debería encender las alarmas del Gobierno por el impacto negativo de este fenómeno en sectores como la pesca, el agro; así como el daño a la infraestructura en nuestro país. El Niño Costero es un evento que se presenta de manera explosiva por lo que esta alerta debió ya gatillar acciones rápidas teniendo en cuenta lo vivido.
En el 2023 un evento similar golpeó duramente al sector pesquero industrial. Fue el peor año en décadas. El impacto económico fue terrible: el PBI nacional cayó en 0.5% dicho año, se dejaron de recibir más de $ 1,400 millones en exportaciones de harina y aceite de pescado. En lo social, miles de familias se vieron afectadas, 18 mil tripulantes no tuvieron ingresos los primeros 9 meses del año, y las 3,500 MYPES de la cadena de valor del sector sufrieron por la inactividad de los puertos pesqueros, que parecían ciudades fantasmas.
Los factores ambientales influyen directamente en el comportamiento biológico, en la distribución y disponibilidad de los peces como la anchoveta. La variabilidad ambiental es una característica propia del mar peruano que incide directamente en el desempeño del sector pesquero.
Pero lo que no puede ocurrir es que habiendo dado el ENFEN la alerta, no se tomen las acciones que permitan reducir los impactos negativos económicos y sobre todo sociales en los diferentes sectores y en las familias peruanas.
Aprendamos de la historia reciente. Todos debemos actuar con responsabilidad, siempre vigilantes de la información científica y en base a ella tomar decisiones oportunas.




