Las circunstancias que vivimos exigen que repensemos respecto a la importancia de que todos los peruanos –autoridades, sociedad civil y ciudadanos– consideremos la urgencia de realizar los máximos esfuerzos para priorizar el interés nacional. Aunque tal premisa parezca obvia, nuestra historia revela que las predilecciones partidarias y particulares son las que han tenido prevalencia, antes que las necesidades del país en procura del bienestar de la población.
Desafortunadamente, existen casos del aprovechamiento de posiciones privilegiadas, olvidándose del juramento realizado, como también de largos procesos judiciales que no llegan a sancionar a quienes traicionan a la palabra empeñada, inclinándose al poder de los intereses contrarios a la Patria.
Frente a esta realidad, los ciudadanos tenemos la imperiosa obligación de actuar por el cambio y no quedarnos con la queja común que no soluciona nada. No es admisible seguir escuchando el “no me representa”. Por ello, es imprescindible analizar profundamente a los candidatos que vamos a elegir: que sean personas con aptitudes, actitudes y capacidades para implementar políticas alineadas con los objetivos nacionales, y —sobre todo— que demuestren honestidad y transparencia.
No solo importa fijarse en la fórmula presidencial, pues ha quedado demostrado que también es trascendental la elección de nuestros representantes ante el Congreso de la República, para que no corramos la “mala suerte” de volver a tener –salvo honrosas excepciones– “al peor Congreso de la historia”. Urge –entonces– averiguar bien, analizar las propuestas y no dejarse engañar.
El Perú requiere autoridades competentes, verdaderos patriotas, que realmente trabajen por el interés nacional, para que contemos –mínimamente– con niveles dignos de seguridad, salud y educación; también de un JNE vigilante que evite favoritismos, particularmente en la franja electoral.
De los esfuerzos que hagamos todos los ciudadanos dependerá el futuro del país y de las generaciones venideras. ¡No las defraudemos!




