Durante el intenso y confuso proceso electoral, no solo estamos arrojados a la incertidumbre, sino que en ciertos ambientes vemos que predomina una tendencia a la indiferencia política. “La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso odio a los indiferentes”. Esta frase, que busca conmover al que está arraigado en la pereza mental y enraizado en la indiferencia, le pertenece a Antonio Gramsci, una de las inteligencias mejor formadas del marxismo italiano del siglo pasado. A pesar de encontrarnos en posiciones ideológicas radicalmente opuestas a las de Gramsci, no podemos dejar de citar este interesante artículo titulado Odio a los indiferentes. Aunque escrito en 1917, tiene una vigencia notable, pues condena a esa clase de hombres que no se ocupan de los asuntos políticos que son comunes a todos, pero que después, transcurrido el tiempo, se lamentan de las desgracias políticas que padecemos y atribuyen cínicamente, responsabilidades a otros. Si queremos descubrir las causas de ese “estado mental indiferente ante los asuntos políticos”, podemos hallarla en el deteriorado e insuficiente sistema educativo, pero también en los mismos políticos que, como ya lo dijo el sociólogo Sygmunt Bauman, por su inoperancia terminan generando incertidumbre, inseguridad e insatisfacción en el ciudadano. En anteriores artículos, hemos advertido que la política está presente en prácticamente todas las dimensiones de la actividad humana, tanto en la organización interna de las sociedades como en las decisiones internacionales, por tanto, demostrar indiferencia política y desinterés en la conformación social y económica, es una equivocación mayúscula.




