Opinión

Papas, gente y gratitud

Una presentación cara a cara y sincera con comunidades vale muchísimo más que cualquier gran obra que pudiese construir alguna empresa

10 de Diciembre del 2017 - 08:45 Malena Martínez

A Celfia Obregón la conocimos hace unos años por pura casualidad. A Virgilio Martínez lo habían convocado para participar en una serie de entrevistas que realizaba CNN, dirigidas a recoger historias de personajes de Lima. Entonces, nos presentaron a Celfia como experta en papas nativas. Me acuerdo que ese apretón de manos terminó en abrazo, y desde ahí nuestro vínculo no ha hecho sino estrecharse.

HERMANDAD

Para los que me leen, tengo primero que agradecer a Francesco. Su trabajo de campo ha marcado un inicio nuevo que no por coincidencia confluye con el de MIL, nuestro proyecto en Cusco, a abrirse al público el 27 de febrero del próximo año.

Él, antropólogo, ha abierto puertas que pensábamos serían inmensas y pesadas para maniobrar. Y nos ha demostrado que una presentación cara a cara y sincera con comunidades, junto a una conversación abierta de intercambio de ideas y escucharnos, vale muchísimo más que cualquier gran obra que pudiese construir alguna empresa con los recursos necesarios, sin querer menospreciar la buena voluntad de muchas empresas, por supuesto.

MIL tiene alrededor tierras de cultivo y es exactamente ahí donde la generosidad de Celfia se encuentra con el esfuerzo de Francesco por acercarnos a comunidades que rodean a MIL Centro.

Las tierras las trabajarán integrantes de las comunidades organizados por ellos mismos. Nuestra solicitud se presenta a la directiva y ellos deciden quiénes y cómo, para beneficio de individuos, de familias y de la misma comunidad. Así nos sugirió Francesco que debíamos hacer. No elegir a dedo y, tal vez, generar discordia. Aprendemos que existe un orden por respetar para la convivencia. Porque cohabitaremos un área linda, que existe con personas.

Celfia ha hecho un viaje hasta estas tierras de cultivo para mirar la tierra, para comprobar que es posible plantar semillas de papas nativas y tener resultados exitosos. Ha ofrecido ayuda técnica a campesinos de la zona, ha caminado y tomado tierra entre sus manos, evaluado y aplicado sus tantos años de experiencia con papas. Su objetivo principal es preservar la diversidad de estos tubérculos. Que sea parte de MIL es no solo un lujo, sino que lo vemos como el inicio de un cambio que se viene para estas comunidades, para que la labor de Francesco en aproximarnos a ellas tenga todavía más efectos a futuro.

El valor de estos productos que sembrarán en tierras de MIL resonará en sus propias tierras, pensamos. Y ojalá, al descubrir las tantas variedades, y cómo los visitantes se impresionarán con sus colores y formas, no habrá quien los detenga. Celfia nos ha regalado semillas. Así que si alguna vez nos sentimos agotados por los viajes, el trabajo y las ansias, estos gestos de cariño nos hacen repensar el reclamo y despertar agradecidos.