Ayer, en su tercer viaje desde que asumió el mando del país hace una semana, la presidenta Keiko Fujimori llegó a Piura, la región que suele ser la más golpeada cada vez que hay un fenómeno El Niño con las características que se anuncia, y donde hasta el momento no se han realizado las obras necesarias para evitar dramas como los vistos en los años 1983, 1998, 2017 y 2023, en que se perdieron vidas y hubo millonarios daños a la propiedad pública y privada.
A fines de julio último, el Consejo Regional de Decanos de los Colegios Profesionales de Piura (CENRECE) lanzó una severa crítica a las autoridades nacionales y locales por la falta de obras, incluso en el cauce del río Piura, que pasa a pocas cuadra de la plaza de armas que más de una vez ha quedado bajo el agua. El abandono es muy grande, y hay poco tiempo para trabajar y hacer lo posible para que los efectos de los desbordes y los huaicos sean mínimos. La mandataria ha hablado de 60 puntos críticos.
Pero la irresponsabilidad no se percibe solo en Piura. Hace pocos días, en entrevista a RPP, el gobernador de Lambayeque, Jorge Pérez Flores, denunció que durante el gobierno de Dina Boluarte le quitaron fondos destinados a obras, para dárselos a la vecina región La Libertad sin el menor criterio técnico, todo porque en ese entonces allí mandaba César Acuña, que manejaba un partido y una bancada que solían blindar a la mandataria, siempre metida en líos. Así han estado manejando el país.
Pero la importancia del viaje de la presidenta a Fujimori a Piura, que espero se traduzca en acciones y obras inmediatas, tiene que ver también con el hecho de afrontar el tema de la inseguridad en esa región, que está totalmente desbordada. La mandataria estuvo en la comisaría del distrito de Veintiséis de Octubre, donde en mayo último fue asesinado el alcalde, mientras los policías trabajan y viven en precarias condiciones. La deuda con esa querida región del norte del país es inmensa.
La jefa de Estado ha dicho que hay que “pisar el acelerador” y es verdad. No queda otra, pues en caso contrario volveremos a ver en Piura y el resto del país las mismas imágenes de todos los veranos alterados por El Niño. Ya engañaron a la gente con la llamada “reconstrucción con cambios” iniciada en 2017 con El Niño Costero, pero desenmascarada en 2023 con el Ciclón Yaku, que demostró que todo fue un bluff y una botadera de plata, siempre en perjuicio del ciudadano. No otra vez.




