Ayer, durante una audiencia judicial en la que Pedro Castillo trató de dejar sin efecto la vacancia de la que fue objeto tras el golpe de Estado que dio el pasado 7 de diciembre, este sujeto se burló del país al afirmar que no tiene la menor intención de abandonar el país en caso sea puesto en libertad, cuando el país y el mundo entero saben muy bien que fue arrestado cuando escapaba a la embajada de México junto con su familia.

El golpista cree que los peruanos somos tontos, que no recordamos que una vez que se dio cuenta que su acción ilegal no tenía el respaldo ni de sus ministros más sobones como Alejandro Salas, Félix Chero y César Landa, huyó con su familia a la sede diplomática de México, país cuyo presidente, Andrés Manuel López Obrador, siempre se ha mostrado dispuesto a albergar a Castillo, tal como ahora lo hace con su esposa e hijos.

Es un hecho de que en el supuesto negado de que un juez deje libre a Castillo, en pocos minutos estaría escondido en la embajada de México o en la de Venezuela, país al que también mandó el año pasado a su entonces incondicional Beder Camacho para gestionar asilo para su familia. Lo ha dicho el propio ex subsecretario de la Presidencia de la República. El profesor podrá ser ignorante en muchas cosas, pero no en cómo huir con el apoyo de “países amigos”.

Pero recordemos que Castillo no solo tiene que responder por el golpe de Estado fallido, sino también por los gravísimos delitos de corrupción que desde antes le atribuye el Ministerio Público en calidad de cabecilla de una banda de delincuentes dedicada a saquear al Perú. Hay testimonios que lo vinculan con entregas de dinero en efectivo a cambio de nombramientos en el Estado e incluso por ascensos en la Policía Nacional.

Castillo insiste en presentarse como una “pobre víctima”, como el maestrito de escuela y campesino al que los ricos no quieren ver en el poder. Falso. Este sujeto es un golpista y aprendiz de tirano que quiso manejar el país con poderes absolutos, cuando se dio cuenta que su situación judicial y la de su familia se complicaba ante las declaraciones de los colaboradores eficaces que, con toda seguridad, lo mandarán a la cárcel por varios años.

En pocos minutos estaría escondido en la embajada de México o en la de Venezuela






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