Tras las declaraciones del dirigente Felipe Domínguez —vertidas en los últimos días— en que propuso la escisión de las regiones del sur peruano para crear una nueva república independiente, no solo sobrevinieron las investigaciones del Ministerio Público sobre él por el posible delito de sedición, sino que quedaron al descubierto los problemas que tienen los promotores de la asamblea constituyente para que su idea cuaje en la opinión pública.

Si bien atacar el sistema económico actual no termina de convencer a la mayoría, sobre todo porque lo que quiere la ciudadanía es poder trabajar y que las políticas surtan mejores efectos —un problema de gestión, no de Constitución—, se está tratando de promover la federalización por parte de Vladimir Cerrón y ahora la escisión del sur por dirigentes como Domínguez, a ver si moviendo esas banderas la idea de la asamblea constituyente se legitima más.

Mencionaré dos problemas grandes que se acrecentarían con una posible escisión, el primero es que constituir una república sobre las débiles instituciones regionales del sur nos llevaría del tercer mundo al cuarto. La cantidad de traslados de enfermos de covid de Cusco a Lima para poder tratarse e historias como la de Celia Capira y Adolfo Mamani en Arequipa, evidencian la vulnerabilidad de nuestra red hospitalaria. Luego, nuestros indicadores de gasto público rondan apenas el 50 % y solo una universidad del sur aparece en los once primeros puestos en los rankings a nivel nacional, ¿esto lo vamos a solucionar desligándonos de Lima?

Si tuviéramos dirigentes preparados se podrían atender estos desafíos, pero no los tenemos, los gobernadores salientes de Arequipa, Puno y Cusco están siendo investigados por corrupción y el exalcalde de Arequipa está prófugo ¿nos serviría en estas circunstancias ser una república independiente?

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