El martes último, una excandidata al Congreso por Perú Libre cuyo nombre no vale la pena mencionar, se dio el trabajo de ir a la Marcha por la Paz que buscaba desterrar la violencia y el ataque como “argumento” político, para hostilizar y arrojar pintura roja a los participantes y a los policías que cuidaban la movilización, por lo que como tenía que ser, la señorita acabó detenida en un calabozo y ojalá sea objeto de una investigación y acusación de parte del Ministerio Público.

Gente de esta calaña es la que llevó Vladimir Cerrón y Perú Libre en su lista de postulantes al Congreso en las elecciones pasadas. Para ellos no vale el argumento, el debate, la exposición de ideas ni la defensa alturada de posturas políticas. Ellos solo creen en la patada, el puñete, el insulto, el grito achorado, la victimización y el balde de pintura encima del rival, tal como lo hacía ese impresentable hoy preso al que conocían en Huancayo con el alias de “Pinturita”. Son cortados por la misma tijera.

Si queremos cambiar el país y sacarlo de la crisis, debemos exigir políticos que sean todo lo opuesto a esta excandidata del lápiz que tuvo que ser detenida en medio de gritos destemplados, insultos, balbuceos y revolcadas en el piso, quizá creyendo que a más histrionismo, más ridículo, más pose de “revolucionaria” y más payasada, más votos obtendrá cuando se lance al Congreso en el 2024 al amparo de alguna agrupación, seguro de izquierda radical, que busque gente con este perfil tan patético.

En verdad no se podía esperar mucho de quien postuló por Perú Libre y llamaba “amauta” al golpista de Pedro Castillo, que apenas puede hilar tres frases. Sin embargo, lo visto con esta excandidata al Congreso que fue a atacar a quienes marchaban por la paz, es un ridículo y un circo pocas veces visto en el país. Los únicos felices con esta clase de “políticos” deben ser, con toda seguridad, los creadores de memes o quizá los libretistas de los programas cómicos de los fines de semana.

Si esta gritona de plazuela quiere ir a insultar, atacar y lanzar pintura a manifestantes pacíficos y policías, que mejor se quede en su casa y haga allí lo que le dé la gana. Los peruanos no tenemos por qué estar viendo semejantes espectáculo digno de política de alcantarilla. Por último, si tanto le gusta un régimen comunista como el que sueña para el Perú, bien podría irse a vivir a Cuba, Venezuela o Nicaragua, para que vea si le aguantan tremendo lío callejero. Acá nadie la va a extrañar.

Gente de esta calaña es la que llevó Vladimir Cerrón y Perú Libre en su lista de postulantes al Congreso