El presidente José Jerí anunció que en los próximos días presentará un nuevo Plan Nacional de Seguridad Ciudadana. La noticia, en otro contexto, podría generar expectativa. Hoy, sin embargo, provoca escepticismo. Si el plan ya existe, no hay razón para postergarlo; si no, el anuncio solo engrosará la larga lista de promesas que no se traducen en hechos. Decir que hay que ponerle fin a la delincuencia común, al crimen organizado y a toda actividad ilícita es una obviedad. Lo urgente no es repetir consignas, sino ejecutarlas. El tiempo para el show ya se agotó.
La realidad es brutal y no concede treguas. Hace pocos días se registraron seis asesinatos en solo 24 horas en Lima, y eso bajo estado de emergencia. A este ritmo, el número de homicidios durante el gobierno de Jerí alcanzará pronto los 500. Son cifras que no admiten retórica ni discursos edulcorados. Cada día que pasa sin acciones efectivas se traduce en más muertos, más miedo y más desconfianza en el Estado.
El presidente ha prometido combatir la delincuencia con “nuevas formas y estilos”. Lo mismo se dijo cuando se decretaron estados de emergencia que, hasta ahora, no han dado los resultados esperados. El país no necesita más planes anunciados, sino políticas ejecutadas. La seguridad ciudadana no puede seguir siendo rehén de la coyuntura política ni de la imagen presidencial.




