Alguno de los escuderos que aún le quedan a Pedro Castillo deberían hacerle recordar a este sujeto que desde el 7 de diciembre del año pasado es un recluso más de nuestro sistema penitenciario y que, como tal, no está en condiciones de imponerse ante los magistrados y congresistas que tienen en sus manos los casos por los que afronta dos órdenes de prisión preventiva: el golpe de Estado y los actos de corrupción que habría cometido como cabecilla de una banda de delincuentes, según tesis del Ministerio Público.
El abogado que apareció al lado del profesor durante la fallida sesión de la Comisión de Fiscalización del Congreso del miércoles último, también debería actuar con algo de piedad hacia su cliente, al que en medio de su desconocimiento del derecho y de la realidad más allá de su celda del penal Barbadillo, está haciendo creer que sigue siendo el presidente del Perú, cuando en verdad es un presidiario más que no verá la luz en varios años por golpista y corrupto.
Castillo ha pretendido hacer un show en la sesión del mencionado grupo de trabajo del Congreso y ha venido a exigir que la reunión sea presencial y no virtual. ¿De cuándo a acá un recluso pone las condiciones a la autoridad? Este señor cree que sigue en Palacio de Gobierno o en la guarida de Sarratea, donde hacía lo que le daba la gana con Bruno Pacheco, Fray Vásquez, sus sindicalistas radicales, sus amigos del Movadef, empresarios dudosos y proveedores del Estado que luego ganaban licitaciones.
El señor debería entender que su golpe de Estado fracasó y que por lo tanto no tiene el poder que quería concentrar en sus manos al cerrar el Congreso y adueñarse por completo del sistema de justicia. Quizá ante personajes de triste recordación como los presidentes de México y Colombia, o frente a algunos legisladores y ayayeros de acá, siga siendo el presidente, pero lo real es que para bien del país fue vacado y arrestado por quebrar el orden constitucional.
Fiscales, jueces y congresistas tienen que actuar con firmeza frente al recluso Castillo. Si quiere hacer show, que lo haga en su celda de Barbadillo. Los peruanos ya hemos tenido bastante con el profesor y su gente como para soportar ahora sus majaderías al amparo de abogados dudosos que no hacen ningún bien a su cliente ni al país que está tratando de ser burlado por quien sin duda jamás dejó de ser un agitador callejero como ese que vimos en 2017 fingiendo una caída para llamar la atención. Patético.
Fiscales, jueces y congresistas tienen que actuar con firmeza frente al recluso Castillo




