Si dentro de medio año Pedro Castillo sigue como presidente de la República, las próximas elecciones de octubre no tendrán nada de regionales y menos de vecinales. Es evidente que todo se convertirá en un plebiscito, es decir aprobar o no al Gobierno. Por supuesto, para la mayoría de peruanos, el Gobierno será Perú Libre y los partidos que lo han acompañado en estos primeros casi 9 meses de gestión.

Después de este espectáculo de incompetencia, desatino político y señales de corrupción, la gente comprende cabalmente el sentido de la tesis plebiscitaria que tiene el proceso electoral en nuestro país. Las calles están hablando más que las redes y todo hace suponer que esto se traducirá en votos.

Todos los que votaron por Pedro Castillo idealizaron al profesor. Asumieron que iba a ser en la presidencia un hombre de carácter y conducta digna de confianza, como los mejores maestros, pero no ocurrió así y la decepción es muy grande, principalmente en el interior del Perú.

Lo que se le reprocha al Gobierno no es que sobrevivan los serios problemas de tantos años en el país sino que muchos de ellos se hayan agravado. A menudo se escucha al presidente de la República, premier, ministros o aliados políticos que ellos no tienen la culpa de la crisis que vive el Perú ya que es producto de las malas gestiones anteriores. Si no pueden lidia con esta encrucijada, ¿para qué se postularon? Si no tienen capacidad de resolver los problemas de los peruanos como las desigualdades sociales, la falta de empleo y la vulnerabilidad de la economía, ¿para qué prometieron hasta lo imposible?