Si no hay más criolladas, leguleyadas y tinterilladas de parte de los abogados de Alejandro Toledo, los cuales le deben estar cobrando varios miles de dólares que habría que ver de dónde salieron, este sujeto debería quedar hoy detenido en California en espera de que lo metan en un avión y lo traigan a Lima para que responda por la descomunal coima de más de 30 millones de dólares que habría recibido de la corruptora brasileña Odebrecht para ganar la licitación de dos tramos de la Interoceánica Sur.
Hasta ayer jueves por la noche, todo hacía indicar que la justicia de Estados Unidos ya no se dejaría sorprender más por el sinvergüenza de Toledo, que a toda costa busca evitar su retorno al país para ser encerrado seguramente en el penal de Barbadillo, mientras afronte el proceso judicial que le espera por haber recibido una coima que saltó a la luz con el crecimiento de su patrimonio inmobiliario que trató de ocultar con la creación de una empresa trucha en Costa Rica y metiendo en el asunto a su anciana suegra.
Hay que tener en cuenta que Toledo es pedido por la justicia desde inicios de 2017. Semanas antes los antiguos responsables de Odebrecht había reconocido el pago de las coimas a Toledo, quien hacía un año antes se había lanzado nuevamente como candidato a la Presidencia de la República. En todo este tiempo lo único que ha hecho el antiguo líder de la chakana es afirmar desde California que es un “perseguido político” y tratar de obstaculizar el trabajo del Ministerio Público.
Toledo ha sido un verdadero fiasco para los peruanos que creyeron en él. Llegó al poder luego del régimen corrupto de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, supuestamente para sanar la moral de los ciudadanos hastiados de una década de robos y crímenes, pero el sujeto que además debía reivindicar al peruano del ande, acabó como un vil coimero que según un testigo, agarraba el teléfono y con gritos y groserías pedía que cumplan con el pago de la cutra acordada.
Ojalá el Poder Judicial no solo tenga en cuenta, al momento de sentenciar, las contundentes evidencias en contra de Toledo, empezando por una gran casa de Las Casuarinas, una oficina en Surco y el pago de las hipotecas de sus propiedades de Camacho y Punta Sal, sino también su afán por boquear el trabajo de la justicia. Jamás tuvo la intención de venir a ponerse a derecho. Todo lo contrario. Hasta el último momento trató de burlarse de jueces, fiscales y de todos los peruanos. Imperdonable.




