Si algo positivo ha traído el lamentable y brutal secuestro con cuatro asesinatos sucedido hace pocos días en una céntrica avenida de Trujillo, es que parece que por fin las autoridades del gobierno central se han dado cuenta que la situación en la región La Libertad es insostenible, y que es urgente tomar medidas rápidas y drásticas contra las bandas que incluso usan drones, tecnología e importante logística para cometer sus delitos que por casi 20 años han sido parte del paisaje.
Los asesinatos y extorsiones de maleantes de bandas como “Los Pulpos”, “La Jauría” y otras, sonaban en Lima, pero como algo lejano, algo que sucedía y luego pasaba. Tras el secuestro de Jenss Lara y el asesinato de sus cuatro acompañantes, parece que la cosa ha cambiado. Se ha actuado rápido y hasta se ha acelarado la salida del general Óscar Arriola como comandante general de la PNP en medio de cuestionamientos, algo que jamás había sucedido a causa de la brutal ola de violencia que golpea a la región La Libertad.
En las últimas horas, a través de la audiencia de pedido de prisión preventiva de los señalados por los sucesos del 30 de agosto, el país ha conocido al detalle el nivel de sofisticación de “Los Pulpos” –que implicó el uso de drones para ver en tiempo real desde Bolivia cómo iba el golpe–, así como el grado de salvajismo de su cabecilla Jhonsson Cruz Torres (a) “Jhonsson Pulpo”, quien mínimo debería cumplir su condena de cadena perpetua en la Base Naval del Callao o Challapalca, para mantenerlo incomunicado.
La ola de indignación y pesar que ha generado esta masacre, así como la reacción desde el Estado, no pueden ser algo pasajero. Tienen que provocar un punto de inflexión. Lo ocurrido en la avenida Húsares de Junín debe marcar un antes y un después que lleve a que se inicie un trabajo serio para acabar con la delincuencia en Trujillo, que es donde comenzó, y el resto del país que está bajo ataque de estas bandas que en los últimos años se han visto fortalecidas con el dinero de las economías ilegales.
Ayer el teniente general Fredy López asumió el mando de la PNP, con la asistencia de la presidenta Keiko Fujimori, una presencia pocas veces vista en este tipo de ceremonias, lo que se entiende como un mensaje político de respaldo a la nueva autoridad y de liderazgo frente a la criminalidad. Los buenos resultados son esperados por todos los peruanos. Las autoridades no pueden pasar cinco años más mirando cómo matan y roban a los peruanos, sin mover un dedo.




