La muerte de un adolescente de 17 años ocurrida en el interior de la comisaría de Manchay, distrito de Pachacamac, no puede quedar impune, por lo que la Policía Nacional está en la obligación de dar todas las facilidades al Ministerio Público para determinar quiénes son los responsables de este deceso que viene cubierto de graves denuncias de la familia del fallecido, que dejan muy mal parados a los agentes de la citada institución.

La víctima es el menor de iniciales E.J.C.B., quien fue detenido tras una denuncia de robo agravado. Sin embargo, en la noche del 14 de junio último fue encontrado inconsciente y trasladado a un centro de salud donde falleció. El examen médico legista indica que murió por “asfixia mecánica por ahorcamiento”. Si se trató de un suicidio o un crimen, tendrán que señalarlo las autoridades.

Sin embargo, aún si el menor se suicidó, versión que es negada por los deudos, eso no quita responsabilidad a los policías que debían preservar la vida del menor, como la de cualquier detenido.

Los padres del menor han dicho que su hijo habría sido objeto de torturas y que incluso los policías les exigieron comida para “agilizar los trámites” relacionados al detenido. Mientras seis agentes han sido separados de sus cargos, desde este diario exigimos una investigación prolija y sanción para los culpables.

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